viernes, 18 de febrero de 2011

Rosó...

El tiempo pasa. El dolor afloja. Y así uno puede recordar etapas pasadas sin ahogarse. Recuerdos de hospitales, de abrazos, de lágrimas...recuerdos de sentimientos a flor de piel.

Es cierto. Tengo una amiga que siempre me decía: Lena, todo es un proceso que hay que pasar. El dolor, la rabia, el odio...y siempre se llega al final a la indiferencia. Siempre lo puse en duda. SIn embargo ahora que el tiempo ha pasado y con las recientes experiencias vividas, le doy la razón.

Esta semana estoy recordando mis vivencias con una familia a la que quise y con la que compartí unos momentos muy duros. Recuerdo en bastantes ocasiones a Isabel y a Salvador, dos personas encantadoras que me acogieron y a las que les di todo cuanto pude. Recuerdo cómo días antes de su muerte Salvador me decía que su charnega valía más que nosecuántas catalanas. Recuerdo cómo recibió mi tiramisú cuando apenas quería comer nada. Recuerdo la resignación y la lucha. Recuerdo los abrazos cuando robaba unas horas a mis hijos para estar con él y su familia. Recuerdo la fortaleza inacabable de Isabel, su incansable aliento por su marido. Recuerdo la canción de despedida.....

Recuerdos de un pasado duro pero en el que me sentía cómoda, querida y necesaria. Dos años más tarde aquello que era tan importante en mi vida ya no está. Daños colaterales...

Allà on siguis...jo també et recordo.