Mostrando entradas con la etiqueta cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuento. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de julio de 2009

¿Qué harías si te quedara sólo una semana de vida?

Con esta, al parecer, totalmente inofensiva pregunta me diste un puñetazo en la boca del estómago. Me puse a llorar sólo de imaginarlo. Una semana para decir adiós al mundo, para dejar de estar aquí, para hacer comprimido todo lo que tengo todavía, confío, muchos años para hacer; sólo una semana para poder despedirme de los míos....sobretodo de una parte de los míos, de mis hijos.


Tu cara siempre en ese punto entre la sonrisa y la ironía muestra contrariedad y sorpresa. 'Sólo era una pregunta sencilla....' En el fondo la respuesta que esperabas era un viaje a Honolulu (cómo coño se escribirá?) o comprar un deportivo que jamás pagaría porque la muerte me libraría de ello....demasiado frívolo, incluso para mí.


Incorporas algunas respuestas posibles a la conversación y citas un par de pelis que tratan de ello y que ya he anotado para la mula. Cambiamos de tema mientras contemplamos esa playita de la costa francesa desde una terraza. El sol quema y bajo esa sombrilla tomamos un agua, que es lo que seguro nos quitará la sed.


De camino al coche y entre un montón de frases que nadie sabe si son ciertas o te estás quedando con nosotros, nos descubres porqué tienes ese modo tan peculiar de ver las cosas a tu alrededor. El secreto está en tus gafas polarizadas que quitan 'los brillos' y dotan elementos traslúcidos de propiedades inimaginables. Río por tu fantasía. Te paras en medio del paseo marítimo casi indignado por mi escepticismo y casi me obligas a ponérmelas. De entrada no noto ninguna diferencia. Te las devuelvo. Cuando estamos llegando al coche me invitas de nuevo a ponérmelas y caminar con ellas. Pocos pasos más adelante en lugar del coche encontramos un león...y montamos a su lomo. Raudo inicia su carrera para llevarnos a....los sanfermines! Por el camino me hablas de paralelepípedos guisados con pimientos y cebolla...yo te contesto que donde estén unas buenas judías rojas con o sin guindillas....El león frena en seco y gira su cabeza hacia su lomo para decirnos que 'és de barcelona i es mor de calor'. No me parece divertido, pero sí digno de ver, de vivirlo. El león arranca de nuevo y tú me dices que porqué no es divertido. Entablamos un debate al respecto y en ello estamos cuando el león salta y .....vuela!!! Aterrizamos en una gruta. Huele a calimocho y el suelo está lleno de....bueno, está empapado. Entre la multitud llegamos a una esquina donde un hombre bajito contempla el garito atestado de uniformados de blanco y rojo. Podría ser Yoda...de hecho creo que lo es. Nos mira muy fijo, casi intimidándonos y suelta una de esas frases que no sabes si el tipo está colgado o bien es un gran sabio :'LAS PERSONAS QUE SABEN ESCUCHAR DOMINARÁN EL MUNDO'.

Desperté en mi casa esta mañana, preguntándome qué de todo esto era cierto. Quizás nada...pero un pañuelo rojo está colgado en mi habitación y aún conservo el buen sabor de boca de un anfitrión de primera. Gracias.

martes, 25 de septiembre de 2007

Clásicos

Sonaba 'En un mercado persa' de Ketelbey, pero ella no era del todo consciente de ello, no podía apreciar las notas más allá de los sonidos placenteros que la envolvían y la acompañaban en aquel estado de dulce embriaguez. La cena había sido amena, escanciada con un chardonay de navarra, pero como siempre que bebía vino, su efecto superó lo previsto.



El había venido por otro motivo, pero ella aprovechó aquella ocasión para mientras terminaba de reparar la caja de antena de la habitación invitarle a cenar. Se sentía sola, tremendamente sola a ratos, y él era un hombre. A veces es suficiente eso. El, primero, rehusó cortésmente su invitación, pero ella insistió...él volvió a declinar, pero ella le miró a los ojos, y le suplicó con la mirada 'quédate, por favor'. Y se quedó.


El mantel de tela sobre la mesa del comedor, servilletas de tela, también, las copas que sólo salían de la vitrina en contadas ocasiones, unas velas encendidas y la botella de vino pendiente de abrir. El sale del baño, de lavarse las manos tras la tarea realizada, y al llegar al comedor se queda perplejo....una escena de película romántica se da cita ante él. No sabe si sentarse y dejarse llevar por ese marco o bien salir huyendo, pero la conoce de tiempo y confía en que nada enturbie su relación.

Image Hosted by ImageShack.us


Ella sale de la cocina con los platos y se sienta a la mesa, le invita a abrir la botella de vino, tarea que él lleva a cabo con pulcritud, sirviéndole sin derramar ni una sola gota. Y la cena se desarrolla charlando de aquello y de lo otro, bebiendo poco a poco y sintiendo el calor que va recorriendo el cuerpo entero, con especial hincapié en el estómago. Al terminar de cenar se miran a los ojos, sintiendo el peso de la soledad en cada uno de los poros de su piel, en la mirada y en el corazón. Ella sonríe tímida, como aquel que sabe cómo sigue la historia. El la mira indeciso, sin saber si esa es una invitación a entrar o a quedarse. Y el teléfono suena y él tiene que salir de manera precipitada.

Ella acierta a darle al 'play' en el equipo de música y mientras suena 'En un mercado persa' ella siente el corazón seco y mustio, mientras la embriaguez la invita a dejarse caer en el sofá.

PD: Problemas técnicos me impiden subir 'En un mercado persa', pero esta música puede ser la que suene en su corazón esta noche.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Demasiado pronto?

Esa mañana se había levantado a la misma hora de siempre. Tomó su café tras salir del baño, como cada día. Su mujer aún dormía, como siempre. Salió de casa una vez vestido y se dirigió con pasos decididos hacia el metro. Era un miércoles de septiembre de brisa fresca y un sol que aún no había terminado de asomar. Al llegar al metro detuvo sus pasos y miró el reloj: las 8. Demasiado pronto. Era aún demasiado pronto. Giró sus pasos lo justo para bordear la boca de metro y siguió andando, esta vez sin rumbo fijo. Estuvo caminando hasta que reparó en dónde estaba. Miró el reloj: las 9:35. Seguía siendo demasiado pronto.



Se sentó en un banco frente al mar y su mente le llevó a un tiempo anterior. Hacía muchos años que trabajaba en la misma empresa, que cada día laborable se levantaba a la misma hora y realizaba el mismo camino. Hacía sólo dos días que le habían jubilado. Sin embargo aún era demasiado pronto para imaginarse jubilado, para alcanzar el verdadero significado de su situación laboral: ya no tenía que ir a ningún lado cada día, ya no tenía que rendir cuentas a nadie, ya no tenía que renunciar a tantas cosas que quería hacer en tiempos anteriores por tener que trabajar.


Pero cada día de esos tres días ha seguido con su rutina de siempre....no es fácil adaptarse a los cambios sustanciales de la vida, aunque los hayamos contemplado/estudiado durante mucho tiempo antes de que acontezan. Harán falta muchos días para sentirse realmente libre, no sólo física sino también mentalmente. Hasta entonces seguirá levantándose a la misma hora y saliendo de su casa rumbo a la boca de metro. Y un día, quizás, se permita seguir en la cama, abrazado a su mujer, hasta que el sol brille alto en el cielo.

Imagen tomada prestada de la web de javierzurita