martes, 25 de septiembre de 2007

Clásicos

Sonaba 'En un mercado persa' de Ketelbey, pero ella no era del todo consciente de ello, no podía apreciar las notas más allá de los sonidos placenteros que la envolvían y la acompañaban en aquel estado de dulce embriaguez. La cena había sido amena, escanciada con un chardonay de navarra, pero como siempre que bebía vino, su efecto superó lo previsto.



El había venido por otro motivo, pero ella aprovechó aquella ocasión para mientras terminaba de reparar la caja de antena de la habitación invitarle a cenar. Se sentía sola, tremendamente sola a ratos, y él era un hombre. A veces es suficiente eso. El, primero, rehusó cortésmente su invitación, pero ella insistió...él volvió a declinar, pero ella le miró a los ojos, y le suplicó con la mirada 'quédate, por favor'. Y se quedó.


El mantel de tela sobre la mesa del comedor, servilletas de tela, también, las copas que sólo salían de la vitrina en contadas ocasiones, unas velas encendidas y la botella de vino pendiente de abrir. El sale del baño, de lavarse las manos tras la tarea realizada, y al llegar al comedor se queda perplejo....una escena de película romántica se da cita ante él. No sabe si sentarse y dejarse llevar por ese marco o bien salir huyendo, pero la conoce de tiempo y confía en que nada enturbie su relación.

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Ella sale de la cocina con los platos y se sienta a la mesa, le invita a abrir la botella de vino, tarea que él lleva a cabo con pulcritud, sirviéndole sin derramar ni una sola gota. Y la cena se desarrolla charlando de aquello y de lo otro, bebiendo poco a poco y sintiendo el calor que va recorriendo el cuerpo entero, con especial hincapié en el estómago. Al terminar de cenar se miran a los ojos, sintiendo el peso de la soledad en cada uno de los poros de su piel, en la mirada y en el corazón. Ella sonríe tímida, como aquel que sabe cómo sigue la historia. El la mira indeciso, sin saber si esa es una invitación a entrar o a quedarse. Y el teléfono suena y él tiene que salir de manera precipitada.

Ella acierta a darle al 'play' en el equipo de música y mientras suena 'En un mercado persa' ella siente el corazón seco y mustio, mientras la embriaguez la invita a dejarse caer en el sofá.

PD: Problemas técnicos me impiden subir 'En un mercado persa', pero esta música puede ser la que suene en su corazón esta noche.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Ingrávida-sonríes

En perpetuo estado de ingravidez, sin acabar de ser del todo consciente de lo que ha pasado, de los cambios, de la nueva realidad. Así me siento en los últimos días, como protagonista de una historia que vivo desde fuera, como si sólo fuera una mera espectadora de mis días.


Dicen que poco a poco se hará la realidad con el control de mi vida, y empapará con sus aguas mi mundo, y sentiré cómo hace mella en mí cada uno de sus tentáculos....y dicen, también, que como una esponja flota sobre el agua de una bañera, igual floto yo en este mundo, y que conforme la esponja vaya absorbiendo agua se irá adentrando más y más en esas aguas, hasta acabar sumergida por completo, así como el día que cada uno de los poros de mi piel, que cada uno de mis sentidos, se empape de la realidad en primera persona, me sumergiré en sus aguas, hundiéndome.


La ventaja de saber lo que va a pasar, en este caso, es un arma a mi favor, ya que tengo estratégicamente colocadas redes bajo el agua y bonbonas de oxígeno. Me hundiré pero no me ahogaré....



'Sonríes' Ana Pozas

'...sonríes a pesar de lo que no tienes...
....sonrío a pesar de lo que no puedo darte....'

viernes, 14 de septiembre de 2007

Palabras

El poder de las palabras es sorprendente desde el mismo momento en que se piensa, incluso antes de ser dicha. Como mazazo de juez a veces ponemos nombre a algo que sentimos y suena a condena. Otras veces necesitamos cobrar conciencia de lo que ocurre y para ello recurrimos a las palabras para 'acotar' y dar forma a eso que percibimos o que vivimos. Todo ello forma parte de las funciones de las palabras.

Palabras que pueden acercarnos a alguien o que pueden alejarnos de esa persona. Porque otra de las cosas que implican las palabras es que, al ser dichas, al ser pronunciadas, al ser dirigidas a otra persona en tiempo presente se convierte en un arma que juega a favor o en contra, pero que nunca puede pasar de largo. Las palabras salen de nuestra boca como flechas disparadas por un arquero, imposible de corregir en vuelo su trayectoria, imposible retroceder en el tiempo.

Es por eso que a veces me torturo pensando porqué salieron de mi boca aquellas palabras, que nunca podré corregir ni siquiera con más palabras. Porque las palabras hieren y una vez pronunciadas ya han cumplido con su función, como en un juicio al solicitar el juez a los testigos que no se tenga en cuenta un testimonio o una aportación en concreto: quien puede borrar la huella de esa flecha que salió en nuestra dirección?
Imagen tomada prestada del blog de dojikauro.


'Always on my mind' Chris de Burgh

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Peter Pan

Cada año tiene dos grandes inicios: el del año, propiamente dicho, y el día que comienza el curso escolar. Muchas familias viven en función de este segundo. El año pasado llovió el primer día de curso y los niños iniciaron el nuevo curso a trompicones y mojados, como augurio del fin del período estival. Este año, algunos niños inician el curso habiendo crecido precipitadamente durante el verano. Lamentablemente nadie puede impedir que hoy, esos pequeños, hayan saltado varios cursos en la asignatura de la vida y que en ese primer día de cole, cuando todos cuenten dónde han estado, no sean sus vacaciones lo que más destaquen de este verano, sino el golpe seco de una realidad que les supera.

Por todos esos niños que ya no soñarán con Peter Pan y el país de Nunca Jamás.....




lunes, 10 de septiembre de 2007

Demasiado pronto?

Esa mañana se había levantado a la misma hora de siempre. Tomó su café tras salir del baño, como cada día. Su mujer aún dormía, como siempre. Salió de casa una vez vestido y se dirigió con pasos decididos hacia el metro. Era un miércoles de septiembre de brisa fresca y un sol que aún no había terminado de asomar. Al llegar al metro detuvo sus pasos y miró el reloj: las 8. Demasiado pronto. Era aún demasiado pronto. Giró sus pasos lo justo para bordear la boca de metro y siguió andando, esta vez sin rumbo fijo. Estuvo caminando hasta que reparó en dónde estaba. Miró el reloj: las 9:35. Seguía siendo demasiado pronto.



Se sentó en un banco frente al mar y su mente le llevó a un tiempo anterior. Hacía muchos años que trabajaba en la misma empresa, que cada día laborable se levantaba a la misma hora y realizaba el mismo camino. Hacía sólo dos días que le habían jubilado. Sin embargo aún era demasiado pronto para imaginarse jubilado, para alcanzar el verdadero significado de su situación laboral: ya no tenía que ir a ningún lado cada día, ya no tenía que rendir cuentas a nadie, ya no tenía que renunciar a tantas cosas que quería hacer en tiempos anteriores por tener que trabajar.


Pero cada día de esos tres días ha seguido con su rutina de siempre....no es fácil adaptarse a los cambios sustanciales de la vida, aunque los hayamos contemplado/estudiado durante mucho tiempo antes de que acontezan. Harán falta muchos días para sentirse realmente libre, no sólo física sino también mentalmente. Hasta entonces seguirá levantándose a la misma hora y saliendo de su casa rumbo a la boca de metro. Y un día, quizás, se permita seguir en la cama, abrazado a su mujer, hasta que el sol brille alto en el cielo.

Imagen tomada prestada de la web de javierzurita


sábado, 8 de septiembre de 2007

Un adiós para un principio

Resonando en mi cabeza canciones de otros tiempos, de amores que se marchan, de amores que se acaban, y unos versos gastados de tantas veces sentidos y otras tantas pensados....



'Puedo escribir los versos más tristes esta noche
escribir, por ejemplo, ' la noche está estrellada
y tiritan azules los astros a lo lejos'.
....
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me cause
y estos sean los últimos versos que yo le escribo'.


Estos versos (y los que no he escrito) han sido siempre el remate de algún anterior adiós en mi vida. Estos versos de despedida sólo se le pueden dedicar a alguien a quien amas de verdad, a quien has entregado tu vida por completo en algún momento....

Hoy empieza una nueva vida para mí. No espero que sea fácil, sólo confío en poder seguir adelante.